ESCUCHAR DE VERDAD
La escucha activa: una forma de estar en el mundo
En este momento quiero hacer un breve inciso para recordar que hay una diferencia enorme entre oír y escuchar. Oír es un acto pasivo, mientras que escuchar implica abrirse a la otra persona, dejarse afectar y, en cierto modo, aceptar que lo que vas a escuchar puede que cambie tu forma de pensar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en aquella sesión.
El conversatorio con las educadoras sociales de la Fundación Amigó y con los jóvenes que compartieron sus experiencias no fue una clase habitual. El profesor no trajo a esta Fundación para que aprendieramos un contenido como tal, sino para que entrásemos en contacto con experiencias reales, con historias que pocas veces vas a encontrarte en un libro de teoría.
Desde el primer momento se percibió algo diferente en el aula. Habitualmente siempre se escuchan ruidos de fondo durante las clases, pues es muy difícil mantener la atención en silencio tanto rato. Sin embargo, durante esta charla la clase estuvo centrada en atender, en escuchar. Esto fue algo que sentimos muchos de los estudiantes: sorpresa, impacto emocional, replanteamiento de ideas…Todo ello hizo que nuestra atención estuviera tan centrada que solo queríamos escuchar y seguir escuchando.
Esto muestra que no estábamos ante una escucha superficial, sino ante una escucha activa real, que no solo consiste en recibir la información, sino que también la interiorizamos y eso nos transformó a muchos de nosotros.
ESCUCHA ACTIVA
más que una técnica
En educación, se suele hablar de estrategias, metodologías y técnicas. Sin embargo, la escucha activa no me encaja del todo en esa lógica, porque sí es cierto que es un procedimiento, pero es además una actitud.
En la sesión, las educadoras no hablaban solo de intervención social, también hablaban de acompañamiento. Y es que ese acompañamiento sólo es posible si existe una escucha constante, profunda y sostenida. Por tanto, ¿qué significa escuchar activamente?
En primer lugar, dar espacio a la voz real del otro sin interrumpirla de antemano con nuestros prejuicios o ideas previas. Pues no se trata solo de permitirle a alguien que hable, sino de escuchar sin estar constantemente reinterpretando lo que dice. La escucha activa implica suspender, aunque sea por unos instantes, la tendencia a juzgar para poder acoger su discurso tal y como llega.
En segundo lugar, escuchar activamente supone intentar comprender lo que se dice de manera implícita. Es decir, ir más allá de las palabras que dicen para atender a los sentimientos, las emociones e incluso los silencios. En el contexto educativo, esto es especialmente relevante, porque muchas veces los alumnos no expresan directamente lo que les ocurre, pero es su actitud, su forma de participar o la ausencia de ésta la que nos lo muestra. Escuchar activamente también implica estar atento a ese lenguaje no verbal, pues también comunica.
Por último, la escucha activa exige aceptar que no siempre vamos a tener una respuesta inmediata o clara. Estamos muy acostumbrados a la idea de resolver todo al momento, a corregir, a dar soluciones rápidas…pero escuchar de verdad a veces significa quedarse en la duda, en la incertidumbre e incluso en la incomodidad de no saber ni qué responder. Y no es que sea un fallo, es parte del proceso.
En este sentido, la escucha activa no es un complemento de la educación, sino una parte esencial de ella, ya que sin esa disposición a escuchar de forma profunda y consciente, la relación educativa se reduce únicamente a la transmisión de información, lo que provoca que se pierda su dimensión más humana y transformadora.
Siguiendo con otro aprendizaje que me dejó esta experiencia, aparece la importancia del vínculo en la educación. Este vínculo no puede construirse a través de simples actividades y contenidos, sino que nace a través de la escucha.
Las educadoras explicaban su trabajo como algo profundamente ligado a la formación de una “relación”: estar, acompañar, sostener…, acciones que requieren de una escucha constante y atenta. Esto es porque no se puede pretender acompañar a alguien sin escuchar de verdad lo que necesita, lo que teme, lo que espera, etc.
Pero además, la escucha activa no se limita únicamente al ámbito educativo. En realidad, es una habilidad que atraviesa toda nuestra vida y que influye directamente en la calidad de todos y cada uno de los vínculos que vamos construyendo. En el ámbito familiar, por ejemplo, esta escucha puede marcar la diferencia entre simplemente convivir o realmente comprenderse, porque escuchar activamente también implica dedicar tiempo y atención a lo que el otro necesita expresar, aunque sea en medio de la rutina diaria.
En las amistades pasa prácticamente igual, permite generar relaciones más sinceras, donde no solo se comparte lo que uno dice, sino también lo que uno siente. ¿Nunca habéis tenido alguna amistad en la que siempre es esa persona la que habla de sus cosas, de sus problemas o de su día a día, pero cuando eres tú quien intenta contar algo, sientes que no hay el mismo interés o atención por su parte? Esta sensación de no sentirse escuchado aunque la otra persona esté presente es más común de lo que creemos. Es precisamente ahí donde se ve la importancia de la escucha: no se trata solo de hablar, sino de generar un espacio donde ambas partes del vínculo se sientan escuchadas y valoradas por igual.
Muchas veces creemos que escuchar es algo que hacemos automáticamente, casi de manera evidente, pero en realidad es una práctica que requiere atención y cuidado.
Por eso, aprender a escuchar activamente no solo sirve para nuestra futura práctica como docentes y pedagogos, sino que también nos forma como personas capaces de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo, construyendo relaciones más sanas, respetuosas y significativas en cualquier contexto de nuestra vida.
EMPATÍA, AUTENTICIDAD Y ACEPTACIÓN-> son, en resumen, las 3 actitudes imprescindibles para una correcta escucha activa.
¡Qué importante e interesante es tu entrada Andrea! Me ha encantado cómo has descrito el momento que vivimos en clase con la Fundación Amigó. Es verdad que el silencio que se generó en esa clase fue muy especial y totalmente ligado a la escucha activa. Además, me quedo con una parte muy especial de esta entrada y es cuando hablas de los vínculos, llevas toda la razón, " Este vínculo no puede construirse a través de simples actividades y contenidos, sino que nace a través de la escucha." ¡Muchas gracias por hacernos reflexionar a través de tu blog !
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