¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
La vocación: ¿destino o decisión?
Foto extraída de Pinterest. Usuario: dewym0rnings
Un niño desde pequeño decía que él quería ser astronauta. A los pocos años que quería ser futbolista. Más tarde decía que mejor veterinario, y después, ya no sabe que responder cuando se lo preguntan.
Desde pequeños nos piden que decidamos qué queremos ser de mayores, como si la vida fuera una pregunta de opción múltiple con una única respuesta correcta. Pero con el paso del tiempo dejamos de hablar de sueños para empezar a hablar de "opciones", de "salidas" de lo que será nuestro futuro. En algún punto entre la infancia y la adultez, la vocación deja de sonar como una ilusión y empieza a parecer una decisión seria.
Algunos dicen que la vocación es esa voz interior; otros, que es un talento o una pasión que nunca se apaga; también están los que creen que simplemente es tener suerte y encontrar algo que te guste. Pero quizá la vocación sea algo mucho más sencillo (e incómodo a la vez): aquello que, incluso cuando intentas ignorarlo, sigue rondándote la cabeza y vuelve una y otra vez por muchos más caminos que intentes buscar. Y probablemente por eso sea que puede asustarnos. Seguir nuestra vocación implica arriesgarse, salir de lo "seguro" y aceptar que no nos garantiza un éxito o una estabilidad. Porque es evidente que es mucho más sencillo elegir lo práctico, lo que la gente espera o consideran más razonable. Sin embargo, aquello que realmente nos mueve suele ser precisamente lo que exige tiempo, esfuerzo y, sobre todo, valentía.
¿Por qué valentía? Porque muchas veces las personas van a opinar, aconsejarte o incluso tratar de decir por nosotros, pero existe una cosa que nada puede sustituir, que es lo que uno siente por dentro. Seguro habéis escuchado la frase de "es por tu bien" o "eso no creo que te convenga" y es que la vocación rara vez entiende de conveniencias. Si tratamos de ignorarla puede que nos funcione por un tiempo, pero tarde o temprano empezará a aparecer una sensación de estar viviendo una vida con la que no terminas de sentirte tú mismo.
Entonces...en lugar de hablar de la vocación como una respuesta ante nuestra vida podríamos decir más bien que es como una dirección. Y lo más importante que debemos de tener en cuenta es que esta dirección puede cambiar, ir ajustándose y así a lo largo de nuestra vida. Esto pasa porque al final descubrir lo que queremos ser no es tan solo una decisión que tomamos una vez y ya no existe vuelta atrás, sino que es un proceso que debemos disfrutar porque nos permite aprender realmente quiénes somos.
Ahora bien, ¿cuál es mi vocación y por qué estoy hablando tanto de este concepto?
Mi vocación por el ámbito de la educación surge por una ilusión. Es una ilusión de ver crecer a otros y de acompañarles en procesos que muchas veces parecen invisibles. Es el hecho de estar ahí tanto cuando las cosas van bien (y celebrar los logros juntos, por pequeños que sean) como cuando no van tan bien (y transmitir que pueden acudir a ti si lo necesitan).
Como hemos hablado ya en diversas ocasiones durante el curso, ser docente, orientadora, etc, no solo implica enseñar algo, sino que se basa en guiar, orientar, sostener y ayudar a abrir el camino. Significa comprender que cada persona tiene su propio ritmo, su propia historia y su manera única de aprender y que todas son igual de válidas.
Pero, sí que es cierto que esto no es algo que ocurra de un día para otro, la vocación por lograr cosas así aparece con el tiempo. Por ejemplo, cuando alguien recuerda unas palabras que le ayudaron en un momento determinado, un gesto que le transmitió seguridad o a una persona que confió en ella cuando ni ella misma lo hacía. Es por esto que me gusta pensar que formar parte de este proceso en la vida de alguien es un privilegio muy grande, porque quiere decir que le estás ayudando a construir su vida.
Pero entonces...,¿cómo descubro cuál es mi vocación?
Rara vez llega como una revelación repentina o una certeza absoluta desde el primer momento. En la mayoría de los casos, se va descubriendo, poco a poco, a través de pequeñas experiencias que se repiten con el tiempo. No siempre coincide con aquello que se nos da mejor desde un principio, ni con lo que nos resulta más fácil , sino con aquello que nos hace sentir que lo que hacemos tiene sentido. Esta se reconoce por la sensación de que queremos seguir avanzando en algo. Por eso, más que buscar una señal clara o una respuesta definitiva, quizá lo más importante sea aprender a escucharnos, prestar atención a aquello que despierta nuestra motivación y permitirnos explorar sin miedo a equivocarnos.
Y precisamente por eso resulta tan importante la forma en la que hablamos con niños y niñas sobre su futuro. Muchas veces les preguntamos qué quieren ser de mayores esperando que den una respuesta concreta, como si tuvieran que elegir ya un único camino. Sin embargo, más que pedirles decisiones tempranas, tal vez nuestra tarea debería ser ayudarles a descubrir qué les interesa, qué les hace disfrutar aprendiendo y en qué momentos se sienten capaces de aportar algo propio.
Al final, acompañar a un niño o a una niña en este proceso no significa señalarle un destino, sino ofrecerle herramientas para que pueda conocerse mejor, confiar en sus capacidades y explorar el mundo con interés. Porque descubrir una vocación no consiste únicamente en elegir una profesión, sino en ir encontrando, poco a poco, un lugar desde el que cada persona pueda desarrollarse y aportar algo significativo a los demás.
Foto hecha por la IA: ChatGPT. Le pedí que hiciera una imagen que representase una maestra y su vocación con los alumnos y este fue el resultado

Andrea, me encanta tu manera de expresarte. Tu entrada del blog demuestra tu plena vocación por la educación y por ayudar a los demás. Estoy totalmente de acuerdo en que se debe fomentar el autoconocimiento de los alumnos, y como tú bien dices, lo importante es: “aprender a escucharnos”.
ResponderEliminar