Ver con los ojos de la inteligencia y el corazón
Ver con los ojos de la inteligencia y el corazón
Una nueva mirada educativa.
Foto extraída de Pinterest. Usuario: PaloAltoCT
Para esta entrada quiero sumergirme en un tema que, aunque ya resonaba en mí desde hace mucho tiempo, me ha dado que pensar últimamente: la educación inclusiva. Y no viéndola como si fuese la “moda” de ahora ni como un elemento más en la lista de cosas que cumplir, sino como un cambio más profundo en la forma de entender la escuela. Todos estos pensamientos me han ido surgiendo a partir de las charlas que han venido a darnos a clase (la de Mer y Dámaris; y la de la Fundación Amigó), que me han hecho darme cuenta de algo importante: la diversidad no es un problema que haya que solucionar simplemente dando apoyo a algunos alumnos, sino que consiste en que la escuela aprenda a poner menos obstáculos desde un principio. Además, me gustaría conectar esto con una experiencia que vivimos en la última clase de Orientación Educativa, donde la profesora Elvira puso sobre la mesa un tema que me tocó el corazón.
La LOMLOE marca un antes y un después cuando hablamos de inclusión. Mientras que la LOMCE hablaba de “atención a la diversidad” desde un tono más correctivo (detectar, reforzar, itinerarios totalmente separados…); la LOMLOE pone el foco en la equidad y en la capacidad de inclusión del sistema. En este punto es donde entra el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que promueve currículos accesibles teniendo en cuenta que existen ritmos variados. Pues, no se trata de cómo hacer que el alumno que “no encaja” en la norma se adapte, sino de cambiar la forma de organizar, enseñar y evaluar para que la norma misma sea más abierta y acogedora.
Sin embargo, como bien sabemos y hemos podido comprobar, esto no es algo que surja y se solucione de la noche a la mañana, al contrario, es un reto enorme. Hace falta contar con recursos de verdad (más personal, mejoras en las instalaciones…), tiempo, formación del profesorado, y, lo más importante y que menos se tiene en cuenta, que TODOS se impliquen. No es suficiente con que una escuela cuente con varios PT, AL o PTCS; la inclusión se construye día a día en clases en las que se promueva la confianza, la participación y el respeto entre todos. Esta frase del blog de mi profesor Sergio lo resume a la perfección: “la educación inclusiva no consiste únicamente en abrir la puerta; consiste en aprender a reorganizar la casa.”
Un ejemplo de inspiración para las personas con discapacidad
Todo ello cobró vida en la última clase que tuvimos de Orientación Educativa, con la profe Elvira. Nos puso este vídeo:
Este vídeo trata sobre Jesús Vidal. En él pronunciaba su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Goya a Mejor Actor Revelación en 2019 por su papel en la película Campeones. Desde nacimiento Jesús tiene una discapacidad visual del 90% por miopía patológica y ceguera total en el ojo derecho, pero eso no le impidió seguir su pasión: la interpretación, abriéndose paso en un mundo poco acostumbrado a contar con personas con discapacidad en sus filas. Históricamente, las personas con discapacidad habían aparecido en las películas y el cine desde un segundo plano y, en muchas ocasiones, potenciando estereotipos y actitudes discriminatorias.
No obstante, ‘Campeones’ puso a un grupo de chicos con discapacidad como protagonistas, con una visión inclusiva a través del deporte. La película fue todo un éxito en taquillas, generando una gran visibilidad de las personas con discapacidad y del deporte adaptado.
Si te paras de verdad en las palabras que dice Jesús en su discurso, tienen mucho más peso del que parece a primera vista.
«Señores y señoras de la Academia, ustedes han distinguido como Mejor Actor Revelación a un actor con discapacidad. Ustedes no saben lo que han hecho. Me vienen a la cabeza tres palabras: Inclusión, diversidad y visibilidad», comenzaba diciendo en su discurso Jesús Vidal.
Al mencionar inclusión, diversidad y visibilidad, está poniendo nombre a tres ideas que muchas veces se quedan en lo teórico, como simples conceptos, pero que en ese momento se ven hechos realidad. La inclusión aparece porque no se le premia “a pesar” de su discapacidad, sino por su papel como actor. La diversidad se hace presente porque rompe con la imagen de quién normalmente suele estar en su puesto. Y la visibilidad es clave, porque al estar ahí, en ese escenario tan importante, está mostrando algo que muchas veces no se ve, está ocupando un lugar que durante mucho tiempo ha estado reservado a un perfil muy concreto de personas. Además, esa visibilidad impacta también en quienes pueden sentirse reflejados. Para otras personas con discapacidad, verlo ahí puede significar pensar “yo también puedo”.
Cuando dice «gracias por hacerme crecer no solo como actor sino también como persona», está señalando algo clave. Las oportunidades no sirven solo para desarrollar una habilidad, sino que también construyen identidad. Muchas veces, los docentes piensan únicamente en enseñar unos contenidos, y se olvidan de que también están influyendo en cómo una persona se ve a sí misma.
Otra frase que a mi me marcó mucho fue cuando agradeció a su madre por enseñarle a
“ver la vida con los ojos de la inteligencia y el corazón”. Aquí no solo habla de una cuestión física, de ver; está hablando de una mirada más amplia, más humana. Como futuros profesionales de la educación, para mí esto nos lleva a cuestionarnos: ¿desde dónde miramos a nuestro alumnado? ¿Desde lo que “les falta” o desde todo lo que pueden llegar a ser?
Y, por último, cuando se dirige a sus padres y dice «a mí sí me gustaría tener un hijo como yo porque tengo unos padres como vosotros», rompe completamente con muchos prejuicios. Esta frase pone el foco en el entorno. Muchas veces pensamos que son ellas mismas, las personas con discapacidad, las que se limitan, pero la mayoría de veces son las expectativas, las oportunidades y la forma en que la sociedad responde.
En conjunto, su discurso no solo habla de inclusión como presencia, sino de ser reconocido de verdad. No basta con “estar”, hay que ser visto, valorado y escuchado.
En definitiva, todo esto me lleva a concluir que la educación inclusiva es una responsabilidad muy real que tenemos como futuros profesionales, pues consiste en cambiar la mirada con la que entendemos a nuestro alumnado. Igual que el discurso de Jesús Vidal hizo visible una realidad que suele pasar desapercibida, nosotros también tenemos ese poder (y deber) de generar espacios donde cada una de las personas se sientan parte, reconocida y capaces. Porque, al final, incluir no es solo permitir que alguien esté, sino hacer que realmente importe su presencia.

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