La distancia entre la LOMLOE y la realidad de los centros educativos
La distancia entre la LOMLOE y la realidad de los centros educativos
En una clase de Organización, tras explicar el contenido relacionado con la LOMLOE, Sergio nos propuso una actividad que consistía en visitar nuestro antiguo colegio/ instituto y observar si existen espacios inclusivos, si se siente la influencia de la LOMLOE, etc. Además, si teníamos la posibilidad, también conversar con algún profesor, conserje, jefe de estudios...y preguntarles sobre la organización de la actividad en la escuela, sobre los cambios a partir de dicha ley, sobre los problemas o dificultades con los que se hayan encontrado, etc.
En ese momento, sólo se me vino a la cabeza una cosa: era mi oportunidad para conversar con la que fue mi tutora en el colegio durante 5º y 6º (de la cual ya hablé en la entrada de mi presentación). ¿Por qué pensé en ella? Pues es sencillo, considero que hemos forjado un vínculo de confianza y naturalidad que no he tenido con ningún otro profesor y sabía que con ella iba a ser fácil y cómodo. Además, ¿es nostálgico volver al colegio donde has crecido de visita no? Y sí, fue nostálgico, pero a su vez fue muy bonito volver a andar por aquellos pasillos, ver que incluso algunos murales que yo misma hice con mi clase siguen ahí o los profesores que aún se mantienen dando clase, fue un vuelco de recuerdos de repente.
Foto extraída de: https://ceip-pacorabal.centros.castillalamancha.es/
Entonces, días después decidí ir a hablar con mi profesora, Pilar. Le comenté que estaba realizando un trabajo para clase y que tenía que hacerle una pequeña "entrevista" sobre algunos temas relacionados con la LOMLOE. Algunas de las preguntas que llevé preparadas de casa fueron las siguientes:
- A nivel organizativo, ¿Cuál dirías que ha sido el cambio más drástico que ha vivido el centro en los últimos años?
- ¿Cómo ha cambiado tu forma de preparar las clases? ¿Te resulta más complejo diseñar las 'situaciones de aprendizaje' que los antiguos temas?
- La ley pide que las clases sean accesibles para todos desde el diseño. En la práctica, con el número de alumnos que tienes, ¿es viable personalizar tanto la enseñanza?
- ¿Sientes que el centro está dotado de los medios suficientes (espacios, personal de apoyo, materiales) para atender la diversidad que tenemos hoy?
- ¿Qué es lo que más te preocupa del perfil de alumno que está saliendo hoy en día del colegio en comparación con hace 5 o 10 años?
Antes de comenzar con las respuestas que ella me transmitió, me gustaría detenerme un momento y pensar esto: ¿qué se supone que debería ser un colegio que de verdad aplique la LOMLOE? ¿Cómo debería sentirse? ¿Y cómo tendría que funcionar? De este modo, se verá de una manera más clara y honesta si mi colegio cumple con el "modelo ideal".
La LOMLOE propone un modelo de escuela diferente que se adapte a las necesidades de la sociedad actual, una sociedad caracterizada por el cambio constante, la diversidad y la complejidad. Y todo eso, dicho así, suena bonito, pero cuando me puse a darle vueltas realmente pensé: exigimos a los alumnos que sean flexibles, que aprendan de forma diferente, que se adapten a un mundo que cambia rápido...pero ¿están los centros educativos y los profesores verdaderamente preparados para hacer un cambio tan profundo en su propia manera de trabajar?
En primer lugar, lo que más me llama la atención es que, los colegios que se ajustan a esta ley ponen en el centro el desarrollo integral del alumnado. Esto quiere decir que deben ser capaces de aplicar lo que aprenden en situaciones reales. El currículum se organiza en torno a competencias clave (como la comunicación lingüística, la competencia digital o la competencia matemática, entre otras). Por tanto, la enseñanza tiene una idea clara: quiere que los alumnos "sepan hacer", es decir, que sepan utilizar tales conocimientos para resolver problemas, tomar sus propias decisiones y tener un papel activo en la sociedad.
En cuanto a la forma de enseñar, la LOMLOE apuesta por metodologías activas. Los colegios deberían organizar su enseñanza a través de situaciones de aprendizaje, en las que los estudiantes trabajen sobre problemas (reales o simulados), colaboren con sus compañeros y desarrollen proyectos. Algunas metodologías como la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos son ejemplos de este enfoque. Este detalle es importante y, para mi, de los más valiosos. No pretende tener siempre a los alumnos sentados recibiendo información, apuesta por ponerlos en movimiento, pensando y creando.
Además, los centros educativos deben ser inclusivos y atender a la diversidad del alumnado. La LOMLOE incorpora el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que propone ofrecer múltiples formas de enseñar, aprender y evaluar.
Y aquí un matiz importante. Esto no quiere decir que los colegios deben contar con un "extra" para aquellos que tienen una necesidad más específica. Es que, debería ser la forma normal de actuar. Una que permita a todos los estudiantes acceder al aprendizaje, independientemente de sus capacidades, intereses o ritmos.
Otro aspecto fundamental es el papel del profesorado (donde me veo incluso involucrada, en cierta parte), pues deben actuar como guías y diseñadores de experiencias de aprendizajes. ¿Y eso que significa? Pues que ya no se trata solo de que expliquen bien la lección, requiere de una mayor planificación, creatividad y capacidad de adaptación, así como una formación continua y constante.
Por último, propone una evaluación continua, formativa e integradora, que se centre en el proceso más que en el resultado. Esto significa que los colegios deben utilizar diferentes instrumentos de evaluación como las rúbricas, que permitan valorar el desarrollo de competencias. Este, personalmente, me parece de los cambios más necesarios y, al mismo tiempo, más difíciles de llevar a la práctica.
Ahora toca mirar mi colegio y preguntarme con sinceridad cuánto de todo esto se está llevando a cabo realmente y cuánto se está quedando solo en las bonitas palabras de la ley.
Sin embargo, cuanto más me acercaba a la realidad del centro, más evidente se hacía esta sensación incómoda, una distancia entre lo que plantea la ley y lo que ocurre en los centros.
En la práctica, muchos de los cambios que plantea la ley no se ven plenamente reflejados en el día a día de las aulas, y eso fue lo que me contó mi profesora durante la entrevista.
Según su experiencia, uno de los problemas más relevantes es la inestabilidad de la plantilla docente, que cambia con frecuencia y dificulta la continuidad de proyectos educativos a largo plazo. Asimismo, la duración de las sesiones le resulta demasiado corta (las clases son de 45 minutos), lo que impide desarrollar con profundidad determinadas actividades . Ella me explicaba que, en ocasiones, no es tiempo suficiente para, por ejemplo, realizar los exámenes.
Otro problema que ella destaca es que, aunque se promueven metodologías activas y situaciones de aprendizaje, el centro sigue funcionando en gran medida bajo lo que Tyack y Cuban (1995) llaman "la gramática escolar" tradicional. Factores como la organización por horarios rígidos o la presión por cumplir el temario dificultan la puesta en marcha de proyectos interdisciplinares y experiencias de aprendizaje más profundas. En este sentido, los cambios que propone la ley, muchas veces requieren condiciones que no pueden darse en la realidad.
En relación con la atención a la diversidad, aunque sí que es cierto que me comenta que existen avances como la implantación de rampas o la creación de espacios específicos para proyectos innovadores, resalta que todavía hay importantes carencias. En este centro solo hay una orientadora para atender a todo el alumnado, lo que resulta claramente insuficiente. Además, su labor está limitada, ya que no puede sacar a los alumnos del aula para trabajar de forma individualizada, sino que debe intervenir dentro de la clase y sin centrarse en un alumno concreto, pues consideran que esto produce situaciones de exclusión. Esto dificulta una atención verdaderamente personalizada, especialmente teniendo en cuenta que cada vez hay más alumnado con necesidades educativas diversas.
En este momento, la pregunta que me surge es: ¿hasta qué punto es posible aplicar estos principios cuando las condiciones reales (ratios elevadas, falta de personal, escasez de tiempo) no acompañan?
Finalmente, hubo una parte de la conversación que me dejó pensando. Mi profesora me señaló que el nivel académico del alumnado está descendiendo progresivamente. A esto contribuyen algunas decisiones del sistema educativo, como la dificultad para que los estudiantes repitan curso o la limitación en el uso de deberes, lo que, en su opinión, favorece una tendencia hacia lo “sencillo” y reduce la exigencia académica. Y, aunque entiendo su preocupación, también sentí cierta contradicción interna.
Comprendo que bajar constantemente la exigencia puede transmitir la idea de que el esfuerzo cada vez es menor. Pero, a su vez, me pregunto si repetir curso o aumentar las tareas para casa soluciona realmente el problema de fondo o si, por el contrario, se están limitando a desplazar esa dificultad hacia el alumno. Y ahí fue cuando caí en que en la educación muchas veces esperamos obtener la "respuesta correcta" para todo, cuando no existe. Lo que si existe son estas tensiones constantes entre inclusión y exigencia, adaptarse al alumnado o mantener cierto nivel académico, y quizá el reto aquí sea aprender a moverse dentro de esas contradicciones sin esperar encontrar la solución perfecta.
Esta experiencia me ha permitido entender de una forma mucho más real la distancia que puede existir entre lo que plantea la LOMLOE y lo que sucede en la práctica real de un centro educativo. Sin embargo, más que un fallo de la ley, lo veo como una tensión constante entre lo deseable y lo posible. Más allá de las dificultades, esta actividad me ha hecho reflexionar sobre nuestro papel. No solo se trata de conocer las leyes o las metodologías implantadas, sino de ser capaces de llevarlas a cabo, de transformar poco a poco la realidad del aula e ir acercándola a ese modelo de escuela. Un modelo más flexible, equitativo e inclusivo que permitiría que todos los estudiantes tuvieran las mismas oportunidades de aprendizaje y participación. Por ello, más que verlo como una meta lejana, considero que debe entenderse como una dirección hacia la que avanzar.
Estas son algunas fotos que realicé el día de la visita, por lo que este es el aspecto de mi colegio actualmente:
Foto capturada por mi.
Foto capturada por mi
Foto capturada por mi



Me ha encantado tu blog. Un problema que esta tan presume y que nadie lo quiere ver y que sobre todo es necesario cambiar. Espero tu siguiente entrada con mucha ilusión❤️
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